Archive for ‘Nadie sabe nada de gatos persas’

1 mayo, 2012

ENTREVISTA CON BAHMAN GHOBADI (El País 22-09-2009)

Bahman Ghobadi:

“No voy a volver a Irán”

El ganador de dos Conchas de Oro presenta en San Sebastián un filme sobre el mundo musical ‘underground’ en Teherán. No retornará a su tierra: “Allí peligraría mi vida y si no me matan, me aplastarían con su control”

GREGORIO BELINCHÓN San Sebastián 22 SEP 2009 – 08:52 CET

Al cineasta iraní Bahman Ghobadi (1969, Bané) ya se le han hinchado las narices. Y por su explosión de cólera ha rodado su película más personal, alejada de manierismos anteriores. Nadie sabe nada de gatos persas se presentó en Cannes, y Ghobadi ha estado puliéndola hasta el último minuto para traerla a San Sebastián, donde participa en la sección Perla de Zabaltegi. Donostia no es nueva para él: con su tercer filme, Las tortugas también vuelan, fue Concha de Oro, y dos años después, en 2006, repitió premio (aunque fue ex aequo) con Media luna. Aquellas historias estaban muy en la línea del cine clásico iraní, ahora ha cambiado radicalmente y en esta ocasión mezcla realidad y ficción para mostrar cómo vive en Teherán, llenos de miedo y rabia, la juventud iraní, que lucha por dar salida a sus venas artísticas. Los protagonistas, un músico y su amiga corista, acaban de salir de la cárcel y empiezan a relanzar su grupo: tienen posibles conciertos en Irán y en Europa. Por eso, para encontrar nuevos miembros, la historia va de banda en banda y de sótanos a pisos franco mientras en la pantalla descubrimos cómo en el país de la Revolución Islámica hay sitio para elhip-hop, el rock indie, el heavy metal (espectacular el momento de los ensayos en un establo), los pasaportes ilegales, la revista New Musical Express, Madonna, 50 cent, Sigur Rós, las raves… Incluso el mismo Ghobadi, que procede del Kurdistán iraní, canta en kurdo en un estudio de grabación al principio.

En la rueda de prensa de presentación del filme, Ghobadi se declara amargado, triste. “En Irán hay 200 ciudades y es muy difícil encontrar a los músicos. Que los hay, aunque escondidos. Para mí era novedoso ver dónde desarrollaban sus actividades -estaban en lugares insospechados- y cómo la pasión sobrepasaba los peligros y las detenciones policiales. En los últimos 30 años millones de obras de arte y de artistas han estado escondidos en las casas. Esos creadores viven deprimidos, algunos han intentado suicidarse y unos pocos lo han logrado [Ghobadi también ha intentado suicidarse dos veces]”. El director se toma un respiro. “Yo mismo tenía un proyecto grande y hermoso hace tres años, y por supuesto no me otorgaron ningún permiso. Entré en una profunda depresión. Pero la música me salvó. Soy kurdo y suní, una especie de apestado. Las tortugas también vuelan se estrenó en dos salas y la dejaron un mes. Me prohibieron la publicidad, la prensa… Media luna fue directa al mercado negro. Ahora estoy preparando Los lobos y ésa la voy a repartir entre la gente”. El cineasta incluso intentó negociar ante las autoridades. “Porque mi obra se ve, y mucho, en Europa: yo quería que ellos sintieran la vergüenza de que un famoso artista iraní no pueda estrenar en su país”.

Y al final, confirma su dolor. “Soy una persona amargada por 30 años del régimen, por los sinsabores que sufrimos. Antes me preocupaban mis allegados, ahora ya no pienso en eso”. ¿Por qué el título? “Todo el mundo conoce a los gatos persas y saben que son nobles y caros. En Teherán se habla persa [Irán está habitado por distintas etnias] y los grupos hablan persa. Los gatos son como esos grupos, muy queridos fuera pero muy poco dentro, en casa”.

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1 mayo, 2012

PROGRAMA DE MANO NADIE SABE NADA DE GATOS PERSAS.

¿Por qué elegir una película iraní, que trata sobre el mundo de la música underground y que fue rodada en 2009 para hablar sobre la “primavera árabe”? La elección de esta película para nuestro ciclo “Resistències i Dissidències” comienza por la voluntad de ofrecer al público propuestas sugerentes, que puedan ofrecer puntos de reflexión y generar preguntas, más que tratar de explicar fenómenos complejos y cambiantes, de difícil definición. Partiendo de esta premisa, son varias las razones por las que consideramos esta película como un buen principio para nuestro mini-ciclo “Primavera Árabe.”

En primer lugar el término “primavera árabe”, controvertido en sí mismo, no deja de ser una creación de los medios occidentales para tratar de abarcar una serie de movimientos sociales en distintos países, que presentan una gran diversidad en cuanto a sus formas y reivindicaciones concretas. Sin embargo, lo que podríamos destacar como genuinamente definitorio y que dota de cohesión a estos movimientos es que, por primera vez en estos países, un movimiento de masas reclama libertades individuales, igualdad y libertad para sus habitantes. Precisamente, lo que ha conseguido convertir las revueltas en estos países en auténticas revoluciones es esta idea de libertades individuales, y de igualdad entre la ciudadanía. Una sociedad que sí comparte elementos comunes entre países (regímenes autoritarios, una situación socio-económica con grandes acumulaciones de poder y capital en un reducido número de personas) sale a la calle por primera vez a acompañar a la resistencia organizada que ya llevaba tiempo reivindicando este cambio, una transición hacia modelos más democráticos (la idea que se transmite en ocasiones de un movimiento “espontáneo”, “sin liderazgo clave” no deja de esconder una realidad muy importante, la existencia de movimientos de disidencia organizados en mayor o menor medida en los distintos países, sin cuya aportación, muy probablemente no podríamos hablar de “revoluciones árabes” hoy en día. Vale la pena recordar esto para no obviar el papel de estas personas que han arriesgado su integridad durante años, mucho antes de que se produjeran estos movimientos).

Esta gente que se echa a la calle, que milita en movimientos de resistencia a los regímenes autocráticos, que lleva tiempo haciendo política, creando, comunicando son en gran medida personas jóvenes, que han vivido siempre en esta realidad socio-económica, pero que han contado con muchos más recursos formativos que las generaciones anteriores. Son estas personas jóvenes, educadas, conectadas con el mundo, usuarias de las nuevas tecnologías (no olvidemos la importancia de internet y las redes sociales en el impulso a las revoluciones. Sin internet puede que hubieran también sucedido, pero serían distintas), pero privadas de derechos y libertades las que han dado impulso a las movilizaciones.

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30 abril, 2012

Cuando hasta las paredes hablan. Un breve recorrido por el grafiti de las primaveras árabes.

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Resistències i Dissidències ha concluido su miniciclo dedicado a la ciudad abordando tres perspectivas y cines muy diferentes, que han querido incitar a la reflexión y provocar la inquietud a cerca de las problemáticas  que se dan en las ciudades de occidente y, sobre todo, cómo los ciudadanos y ciudadanas inciden en sus hábitats, cómo resisten y disiden, ya sea de manera colectiva y organizada o de manera individual y anónima.

Ahora, con la apertura del miniciclo de la primavera árabe, encontramos muchas similitudes y paralelismos entre las tres primeras películas y las tres que seguirán. El primero de ellos vuelve a ser la apropiación del espacio urbano como plataforma de reivindicación, como lugar de generación de debate y de expresión colectiva. La película de Nadie sabe nada de gatos persas tiene como trama de relevancia la imposibilidad de acceder a los circuitos oficiales de expresión, siendo la música no religiosa considerada como una práctica contraria a la ley.

En este sentido, Casa Árabe Madrid organizó una exposición dedicada a otra de las prácticas que hemos abordado en Resistències i que además, en los países árabes es una de las más perseguidas: pintadas de la revolución, Street art de lo más revolucionario, en un contexto, además muy especial, donde las expresiones gráficas y e imágenes que toquen la religión pueden suponer un grave problema para sus autores, mucho más allá del problema que aquí pudiera causar.  Es por eso que cabe mencionar la importancia no sólo a nivel político, sino a nivel simbólico que tienen las pintadas realizadas en los países árabes y la increíble repercusión que han podido suponer en el imaginario colectivo de dichos lugares.

Las pintadas urbanas,  sumadas también al flujo underground de músicas consideradas delito por su carácter no religioso (como es el caso de nuestra película, Nadie sabe nada de gatos persas) forman un cuadro collage hecho de múltiples miradas, compuesto por cada uno de sus protagonistas, cambiando la idea colectiva no sólo que occidente tenía de los países árabes, sino también muy probablemente, la idea que hasta ahora tenían de ellos mismos, quedando registrado en imagen, música o pintada urbana un antes y un después de unos pueblos que aclamaron al unísono un fuerte grito de libertades colectivas.

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