PROGRAMA DE MANO “MADEINUSA”

“Es tiempo santo, ahora ya no nos ve”. Durante tres días el pueblo indígena de Manayaycuna se convierte en un lugar donde todo es válido, donde no existen los pecados, donde la línea entre el bien y el mal ha dejado de ser una carga moral para sus habitantes.

Claudia Llosa aprovecha esos tres días para construir Madeinusa, una película que, principalmente, abre el debate entre la moralidad y la cultura, confrontando las miradas (o los sentires) del espectador/a dependiendo de su sexo, su edad, su lugar de nacimiento, etc. En definitiva, de su construcción cultural.

Uno de los debates más agresivos al que nos sometemos como espectadores/as es la realidad de los abusos sexuales intrafamiliares. Éstos no son considerados tabú por los personajes, de hecho se presentan de manera normalizada y, durante Tiempo Santo, son aceptados por la comunidad. A la hora de mostrarnos hechos de este calibre, la realizadora utiliza un distanciamiento cinematográfico dejando un espacio mayor al juicio del espectador/a, evitando victimizaciones o heroísmos.

Otro de los conflictos que la película plantea es el choque entre lo que representa la ciudad, Lima, frente al retrato que se nos muestra de la vida en el altiplano. Lo urbano, lo otro, llega a las comunidades de manera distorsionada, generando un imaginario idílico de posibilidades y libertades que muchas veces no se corresponden con la realidad. Esta dualidad entre lo externo e interno, provoca que nosotros también nos enfrentemos a la película con la mochila cargada de prejuicios.

Es interesante resaltar que en la segunda película de Llosa, La Teta Asustada, Magaly Solier interpreta a una empleada indígena de una casa adinerada en Lima, y que ésta podría ser perfectamente la “Madeinusa” recién llegada de la comunidad buscando en la ciudad la libertad que no encontraba.
Este supuesto nos lleva a pensar que, siguiendo la propuesta de Llosa, una mujer indígena se siente presa en su comunidad a causa de su condición de mujer (llamémoslo, cárcel de género) emigrando a la ciudad para ser nuevamente presa de su clase social, siendo el trayecto, el no lugar, el único momento de libertad, y siendo, por lo tanto, la conversión de víctima a verdugo un acto de resistencia. Ésta conversión del personaje se nos muestra
a través de los objetos, dotando a la película de un complejo
y revelador lenguaje simbólico, donde todo tiene un doble significado:
Manayaycuna, significa en realidad “lugar al que no se puede entrar”; los aretes, la madre; o, sin ir más lejos, los paradigmáticos nombres de Madeinusa y Salvador, entre otros.

Finalmente, recalcar que uno de los aspectos más enriquecedores del film es el regalo que como espectadores Claudia Llosa nos ofrece: el placer de juzgar por nosotros mismos, llegando a los créditos con la difícil tarea de tener que cuestionarnos nuestra propia moral.

Ana Peñas y Roser Colomar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: